Editorial: Sobre la importancia del 2012
miércoles, 7 de marzo de 2012
, Posted by Leo at 6:11:00 p. m.
Reviste de particular importancia el proceso que actualmente nos encontramos transitando como venezolanos. Desde hace algunos meses muchos de los trabajos de opinión pública venían anunciando la evolución de la intencionalidad de voto para los candidatos en las primarias de oposición. Prácticamente todas las mediciones que podríamos considerar “serias” daban resultados anunciados, sin embargo, y como es natural en un proceso de varios actores, donde cada jugador pequeño tiene más que ganar de lo que perder, los candidatos con menores esperanzas de victoria permanecieron hasta el final.
Eduardo Castillo
La competencia, posterior al retiro del candidato Leopoldo López, se centró entonces en torno a las dos figuras que aglutinaban en torno a sí a la casi totalidad de partidos políticos desde el comienzo: Pablo Pérez y Henrique Capriles. Cosas de preferencia electoral, sumado a una maquinaria in crescendo y a varias alianzas muy bien construidas permitieron a Henrique Capriles obtener una victoria aplastante frente a su más cercano competidor.
Pero lo que creo resaltante no es esto, que ya ha sido explicado con mucha paciencia por otros. Sino la gama de posibilidades que se abren ahora para propios y extraños a los grupos que hacen oposición con vocación de poder para reconstruir los denominados tejidos sociales, que durante largo tiempo han sido afectados por el escenario de conflictividad permanente que, como política de Estado ha sido impuesto en Venezuela.
Sucede que el presente del país está signado por una lucha discursiva por obtener la hegemonía comunicacional. Los ataques dirigidos por sectores oficialistas son sólo una proyección de actitudes propias ante la realidad de los hechos. Se ha vuelto algo típico de gobernantes de marcado personalismo construir toda una explicación de la sociedad en torno a la figura del yo, no exento de conspiraciones y momentos de debilidad para granjear la simpatía de los habitantes.
Como es lógico pensar, estas herramientas están sujetas también a rendimientos decrecientes, especialmente en la medida en que la población pasa por procesos de saturación ante situaciones reiterativas. Lo fundamental en estos casos es que la ciudadanía se asuma como tal, so pena de caer en lo que ha sucedido en Cuba donde, durante décadas, los mecanismos de resistencia han sido incapaces de fortalecer nuevos espacios de democratización política más allá de los de que permitan la sobrevivencia de quienes resisten.
Esto último se ha logrado evitar hasta ahora en Venezuela, y es posible considerar que la importancia electoral y política del recambio de élites que plantea uno de los dos inevitables derroteros que se abrirán ante nosotros a partir de los resultados del 7 de ocubre, conlleva mucho más que lo anterior. Si bien es cierto que básicamente se plantea un recambio de élites, con todo lo que las nuevas élites pueden conllevar, el escenario de una derrota prolongaría la agonía del aparato productivo, de los canales democráticos, de los espacios de libertad de expresión, entre muchas otras cosas que determinan la vida democrática de nuestro país.
Por todo lo anterior, es menester que nos aboquemos a la tarea como defensores de la democracia liberal tal como se ha conocido en los países más exitosos del mundo. Y es que hasta ahora no ha existido régimen de gobierno más exitoso en el mundo que una combinación de libertades políticas y derechos individuales en la forma en que se combinan dentro de las democracias liberales de occidente. Es preciso no confundir crisis económicas y políticas derivadas precisamente de su abandono u omisión con vicios inherentes al mismo sistema.
Eduardo Castillo
@NassinCastillo
Pero lo que creo resaltante no es esto, que ya ha sido explicado con mucha paciencia por otros. Sino la gama de posibilidades que se abren ahora para propios y extraños a los grupos que hacen oposición con vocación de poder para reconstruir los denominados tejidos sociales, que durante largo tiempo han sido afectados por el escenario de conflictividad permanente que, como política de Estado ha sido impuesto en Venezuela.
Sucede que el presente del país está signado por una lucha discursiva por obtener la hegemonía comunicacional. Los ataques dirigidos por sectores oficialistas son sólo una proyección de actitudes propias ante la realidad de los hechos. Se ha vuelto algo típico de gobernantes de marcado personalismo construir toda una explicación de la sociedad en torno a la figura del yo, no exento de conspiraciones y momentos de debilidad para granjear la simpatía de los habitantes.
Como es lógico pensar, estas herramientas están sujetas también a rendimientos decrecientes, especialmente en la medida en que la población pasa por procesos de saturación ante situaciones reiterativas. Lo fundamental en estos casos es que la ciudadanía se asuma como tal, so pena de caer en lo que ha sucedido en Cuba donde, durante décadas, los mecanismos de resistencia han sido incapaces de fortalecer nuevos espacios de democratización política más allá de los de que permitan la sobrevivencia de quienes resisten.
Esto último se ha logrado evitar hasta ahora en Venezuela, y es posible considerar que la importancia electoral y política del recambio de élites que plantea uno de los dos inevitables derroteros que se abrirán ante nosotros a partir de los resultados del 7 de ocubre, conlleva mucho más que lo anterior. Si bien es cierto que básicamente se plantea un recambio de élites, con todo lo que las nuevas élites pueden conllevar, el escenario de una derrota prolongaría la agonía del aparato productivo, de los canales democráticos, de los espacios de libertad de expresión, entre muchas otras cosas que determinan la vida democrática de nuestro país.
Por todo lo anterior, es menester que nos aboquemos a la tarea como defensores de la democracia liberal tal como se ha conocido en los países más exitosos del mundo. Y es que hasta ahora no ha existido régimen de gobierno más exitoso en el mundo que una combinación de libertades políticas y derechos individuales en la forma en que se combinan dentro de las democracias liberales de occidente. Es preciso no confundir crisis económicas y políticas derivadas precisamente de su abandono u omisión con vicios inherentes al mismo sistema.
Eduardo Castillo
@NassinCastillo